Hace cinco años estaba en España sin trabajo, sin dinero y sin idea de qué hacer con mi vida. Pero tenía música. Y a veces, la música era lo único que tenía.
No quiero sonar dramático, estos últimos años han sido duros para todo el mundo, no solo para mí. Pero, seamos honestos: la vida nos dió una paliza. Luego vio que yo seguía de pie y decidió darme otra.
Este álbum, Extranjero, nació de todo eso.
Es un álbum sobre la pérdida. Sobre no sentirte en casa en ningún lado. Sobre encontrarse solo en un aeropuerto, en otro país, en una ciudad nueva, preguntándote: ¿cómo carajos llegué aquí? Es un álbum un poco de sobrevivir. No de esa manera épica e inspiradora, sino de la manera real. La que se siente como si estuvieras pegando los pedazos de tu alma con cinta adhesiva, canción tras canción.
Y de alguna forma, cada letra, cada melodía, cada nota de voz grabada a las 3 AM se convirtió en algo real. En algo para llorar. En algo para bailar. Porque exactamente así me sentía cuando lo hice.
¿Por qué ‘Extranjero’?
Si hay algo en lo que soy experto, es en irme. No de forma dramática, cerrando puertas de golpe. Más bien en plan «esto estuvo increíble, pero tengo un vuelo que tomar».
Este disco tiene un sonido más acústico y una escritura más profunda que mi último proyecto Dopamina. Con René Da Silva en la producción y una colaboración con el artista JJC en el track Ghosting, este disco explora emociones más crudas, pero sin dejar atrás los beats que te hacen sentir.
Para mí, últimamente la vida no ha sido algo quieto. Ha sido una maleta. Una fila de inmigración. Una videollamada con mala señal. Y de eso trata ‘Extranjero’: del amor en movimiento. Del amor como distancia. Del amor como algo que nunca se queda quieto.
Es un álbum sobre el desamor, sobre la nostalgia. Sobre las personas que me marcaron, para bien o para mal.
Al principio, pensé que ‘Te Deseo Lo Mejor’ era para los hombres que pasaron por mi vida—los que dejaron huella, merecida o no. Pero ahora, justo antes de lanzar el álbum, me doy cuenta de que en realidad la escribí para mí. Porque dejar ir—el rencor, el miedo, el pasado—es lo que necesitaba para crecer.
Disfrutando lo mejor de la noche… y del ghosting después con ‘Una Noche’.
Seamos sinceros: ya todos conocemos la historia. Conoces a alguien, hay química, pasan la noche juntos y luego… *poof*. Desaparecido. Te dejó en visto, borró tu número, ya está en otra. Es que flipas cuando te vuelve a pasar y te sigues sorprendiendo. Yo me deje de decir ‘este es’.
En algún momento pensé… ¿Para qué pelear contra esto? Si así es la vida, si esto es lo que la gente hace, al menos voy a disfrutarlo. Sin expectativas. Solo disfrutar de la presencia. Dos personas encontrándose en el camino, antes de que la vida los vuelva a separar.
Y de eso trata Una Noche: aceptar que, para algunos, el amor es solo una escala. Y si es así, más vale disfrutar la estadía.
Uno de mis versos favoritos en la canción es: «somos dos copas de vino, yo con la botella en mano». Es una metáfora, pero también es la verdad. Yo siempre soy el que sirve. El que tiene la botella en la mano, decidiendo cuánto amor dar. Y, por supuesto, siempre doy de más.
El problema de algunos amores es que duran lo mismo que un flash.
Escribí Polaroid el año pasado, y es la canción más corta que he hecho, me inspiré con la idea de una Polaroid. Un instante congelado en el tiempo. Un amor tan breve que, para cuando te das cuenta de lo que fue, ya desapareció. La canción dura más o menos lo mismo que tarda en revelarse una Polaroid… esos segundos en los que esperas que aparezca la foto, creyendo que será algo hermoso, solo para darte cuenta de que no es exactamente lo que esperabas.
Así se sintió esa relación. Puse mis expectativas tan alto que la caída dolió el doble. Y, en cierto modo, Polaroid es mi forma de decirle a esa persona: ni siquiera merecías una canción completa. Tenía potencial, pero la pasaste de largo, amigo.
El video que (casi) me dejó en bancarrota
Hablemos de Madrid, porque creo que esto resume bien mi proceso creativo.
Con mi amiga Sthefany Saavedra rentamos un hotel en Chueca con lo último que me quedaba después de pagar la renta – 48 euros – para ser exactos. La ropa que usé en el video tenía las etiquetas puestas. Sí, las devolví después de grabar. La realidad de ser un artista independiente es así: no tienes presupuesto y no tienes un equipo de producción enorme. O te vuelves creativo, o no haces nada. Y para mí no crear nunca fue una opción.
La agonía, esa despiadada
Todavía miro atrás con cierto resentimiento. No era justo. Técnicamente, nada de lo que pasó o me pasó a mí. Pero me destrozó igual. Ahí conocí la agonía. Y yo creía haberla conocido antes… pero esa no tiene piedad. No solo te corta, te destripa. No te mata rápido, se asegura de que sientas cada segundo. Cuando llegas a ese punto, solo hay dos opciones: o peleas, o te rindes.
Yo nunca decidí pelear conscientemente. Pero algo en mí sí lo hizo. Porque no soy de los que se rinden. Creía que no lo era. Y ahora sé que no lo soy.
Lo que ‘Extranjero’ deja atrás
Al final del día, este álbum ya no es solo mío. Es de cualquiera que se haya sentido perdido, de los que se preguntan dónde pertenecen, de los que han mirado a su alrededor pensando: *no tengo idea de qué estoy haciendo, pero tengo que seguir adelante.
Lo que ahora me importa es a quién amaste. A quién impactaste. Qué dejaste atrás. ¿Hiciste una diferencia? ¿Dejaste algo bueno en este mundo? Porque eso es lo que nos llevamos cuando caminamos hacia la luz.
Vivimos tiempos difíciles. Pero la música siempre va a estar aquí. Nosotros siempre vamos a estar aquí. Así que manténganse fuertes. Y donde sea que estemos, vengan de donde vengan, sin importar qué fronteras nos intenten separar, este mundo es nuestro.
París, el Louvre y el video más cursi
Le rogué a mi amiga Majo que me grabara haciendo estupideces en París para ser lo más cursi posible. Me gusta tener al menos un video grabado con el teléfono en cada álbum. Es la esencia de todo, mi vida, como es en realidad. Sin filtros. No siempre bonita, no siempre fea. Simplemente real.
Y, dios, cómo amo París. Ah, y sí. Tuve un romance parisino. Nos besamos en el Louvre.
Eso es todo. Esa es la historia.
Giorgio, de 29 años, es un comunicador social venezolano, graduado de la UCAB, con una trayectoria que lo ha llevado de Punto Fijo a Europa y ahora a Austin, Texas. A través de su trabajo y su arte, defiende los derechos LGBTQI y explora temas de identidad, amor y resiliencia, lanzando música desde hace más de 15 años.